El cañón de madera

Un día me contó Marcos una historia que poca gente conoce pero que desde mi punto de vista, resulta interesante y merecedora de ser recordada. No me ha sido fácil encontrarla, aunque con paciencia y tiempo de sobra he dado con el relato de Pedro Antonio de Alarcón que describe estos acontecimientos, en sus "Historietas Nacionales". Recomiendo su su lectura, mucho mejor escrita y con más detalles que el resumen que aquí os presento.
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¿Qué puede ocurrir si combinas pólvora, un puñado de aldeanos, un tronco de madera, un ejército invasor y esa valentía que otorga la ignorancia y la incultura?

En abril del 1810 Guadix ya estaba bajo el control de las tropas napoleónicas al mando del general Godinot.

[...] ya, en fin, era todo paz varsoviana, oficial alegría y entusiasmo bajo pena de muerte en la antigua corte de aquellos otros enemigos de Cristo que reinaron en Guadix por la gracia de Alá y de su profeta Mahoma.

Éstas eran unas tropas con un habre tan insaciable que en tan solo dos meses tuvieron que cerrar el matadero por falta de animales. No quedaban ni vacas, ni ovejas, ni cabras, ni bueyes... nada. Lo habían devorado todo.

Al no quedar existencias pensaron que en los poblados de alrededor, aún por tomar, habría con lo que saciar su carnívora hambre. Pero claro, ellos no contaban con la forma de ser de las gentes de Lapeza.

[...] es y era renombrada en veinte leguas a la redonda, por el carácter indómito de sus moradores, por su arábigo aspecto, por el estado casi salvaje de las costumbres y por otras particularidades que ya irán surgiendo de nuestra relación, la antiquísima villa de Lapeza.

Godinot
dividió sus tropas en unas diez o doce columnas, cada una de ciento a doscientos hombres. A uno de estos grupos le tocó reclamar para Pepe Botella (que por cierto, era abstemio) esta villa de carboneros, pastores y leñadores.
Con estos oficios es fácil imaginar lo bien fortificada que estaba la villa a base de troncos de árboles de gran tamaño que había en la zona. Cuenta Pedro Antonio en su relato que la muralla de madera que la rodeaba formaba una especie de torre por el lado frontero al camino de Guadix. Y encima de la torre se hallaba el famoso cañón de madera que hace que escriba estas líneas.

Consistía en un colosal tronco de encina ahuecado al fuego, ceñido con recias cuerdas y redoblados alambres, y cargado hasta la boca con no sé cuántas libras de pólvora y una infinidad de balas, piedras, pedazos de hierro viejo y otros proyectiles por el estilo...

En esta aldea había un alcalde de nombre Manuel Atienza (en la imagen de abajo) que dirigiría a la turba de aldeanos que allí residía. Según describe Pedro Antonio de Alarcón, el tipo venía a ser el típico macho ibérico pero en la versión más embrutecida de la expresión. Un tipo de unos 45 a 50 años ennegrecido de trabajar en las carboneras y bastante alto y fuerte. Un hombre al que deberías tener miedo a negar la razón y que por esta razón ostentaba su cargo. ¡Pero los aldeanos no eran menos que su alcalde!
Y si hablamos de su equipación y armamento frente al disciplinado ejército francés, podría parecer que tenían todas las de perder, y quizá fue lo que estos últimos pensaron. Pero dale unas cuantas escopetas, trabucos y pistolones de chispas; hondas y buenas piedras con las que cargarlas; cuchillos, navajas, garrotes, porras... y cualquier herramienta de trabajo como las hachas que disponían a estos bárbaros, que ellos pondrán lo que falta: ese par de cojones para que la cosa acabase como acabó.

Llamó el alcalde al alguacil, Jacinto, que sacó el tambor de las procesiones y usó en esta ocasión para llamar a formar a los doscientos lapezeños que había allí. Como un general, Atienza pasó revista mientras le gritaban ¡Viva el señor alcalde!, respondiendo con ¡Qué alcalde ni qué cuerno! ¡Viva Dios! ¡Viva Lapeza! ¡Viva la independencia Española! Entonces ya tocaba que el pregonero diese la noticia de la batalla y las instrucciones:

Por noticias del tío Piorno se ha sabido que el enemigo de la patria viene hoy a Lapeza a conquistarnos y robarnos los bienes; y nosotros [...] vamos a defendernos como buenos españoles y a mostrar a la ciudad de Guadix, que si ella se ha entregado al francés, los vecinos de Lapeza saben morir [...]; y, en su virtud, el alcalde hace saber a estos vecinos que el que no perezca en el presente día defendiendo su casa, será declarado mal español y traidor a la patria, y morirá, como corresponde, colgado de una encina de la sierra.

-Curioso lo de los españoles. Entre nosotros nos odiamos y estamos siempre compitiendo a cojones. Pero que no nos toque nadie de fuera, que entonces nos unimos como hermanos y no puede salir bien parado.-


Se fueron todos a sus puestos: los honderos subieron a la alcazaba morisca, unos se colocaron en la muralla y otros se pusieron encima del cañón provistos de una larga mecha. Hasta que una nube de polvo indicó la llegada del ejército invasor.

El alcalde preguntó por la cantidad de tropas que se avecinaba. Respondieron que unos doscientos y éste se alegró de ver que eran fuerzas iguales, pero no era así. Los franceses eran soldados veteranos y contaban con caballería. Pero eso no le importó a este bruto, que dió orden de ataque.

Llovieron piedras y balas que hicieron parar a los franceses pero fueron contestadas por su metralla que dejó a los lazepeños con cinco menos entre sus filas. Atienza ordenó el alto el fuego, pues no estaban a su alcance, mientras que los franceses dispararon de nuevo sin obtener resultado al estar los lazepeños tras el muro de madera y avanzaron hasta hallarse a unos veinte pasos del ejército sitiado.

Comenzó la masacre. Los unos con piedras, navajas, trabucos, hachas... y los otros con sus poderosas armas y la aún más poderosa caballería. En medio de la polvareda y el jaleo todo parecía dar la victoria a los franceses cuando, de repente, ¡BUM! El cañón de madera reventó en el momento de disparar. Pocos quedaron alrededor en pie. La metralla fue el propio cañón. Había trozos de encina por todas partes. Reventó tanto por delante, como por detrás, arriba, abajo, izquierda y derecha. Además, de la basta carga de pólvora que tenía, la explosión hizo que los troncos que sostenían el cañón rodasen aplastando otros cuantos españoles y franceses que quedaban vivos en la zona.

Ante la polvareda, gemidos, estruendo y caos que se formó, se pudo percibir el toque de corneta a retirada francés y el tambor lapezeño tocando a generala junto con los gritos del alcalde: ¡Duro en ellos muchachos! ¡Hasta que no quede uno! ¡Ya deben de quedar pocos! Pero claro, tambien era cierto que lapezeños quedaban aún menos, entre otras cosas porque el cañón hizo más estragos con ellos que con los franceses. Pero éstos últimos tampoco sabían esto y atemorizados huyeron desoyendo las órdenes de los oficiales mientras eran perseguidos por los gañanes que tenían munición preparada para unos cuantos kilómetros de camino hacia Guadix.

Apedreados, pues, fusilados, ennegrecidos por la pólvora, cubiertos de sangre, de sudor y polvo, y habiendo dejado cien hombres en Lapeza y en el camino, entraron en Guadix, a las ocho de la noche, los vencedores de Egipto, Italia y Alemania, vencidos aquel día por una fuerza inferior de pastores y carboneros.


-Ya podréis imaginar la posterior respuesta que dio el ejército francés, pero es mejor que la leáis del texto original. En especial la parte del anciano al que perdonaron la vida (Capítulo VI de El Carbonero-Alcalde). Un relato tan amargo como interesante y que no debería pasar al olvido.-

Os podéis descargar las Historietas Nacionales pinchando aquí.

6 comentarios:

titobobb dijo...

Lapeza... seguramente te refieras a "La Peza"

http://maps.google.es/maps?f=q&hl=es&geocode=&q=la+peza&ie=UTF8&ll=37.276785,-3.284912&spn=0.278652,0.612488&z=11&iwloc=addr

er_Nico dijo...

Lo sé, pero en el relato de Pedro Antonio, pone Lapeza.
Probablemente en esa época iba junto el nombre y por eso lo he querido dejar así.

Anónimo dijo...

http://www.chuxnorrix.es/historia/o-canon-de-pau/

recobero dijo...

¡Genial articulo! Esta historia no la conocía.

Marcos dijo...

Tiene mérito que hayas encontrao la historia. Te la conté como suelo hacer siempre: olvidando fechas, lugares, nombres... ¡como debe ser!

er_Nico dijo...

Hacéis que me ponga colorado :-P